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LA TRAGEDIA DE ALMERÍA

Ana Julia llevó a familiares de Gabriel a la finca donde se hallaba el cadáver

  • La acusada ha confesado que discutieron, le dio un golpe en la cabeza con la parte roma de un hacha y luego le asfixió
  • , Madrid La Vanguardia 14/03/2018 02:35 | Actualizado a 14/03/2018 09:50
  • http://www.lavanguardia.com/sucesos/20180314/441509420504/ana-julia-quezada-gabriel-cruz-finca.html

Finalmente Ana Julia Quezada, de 43 años, no aguantó la presión y confesó haber matado con sus propias manos a Gabriel. El lunes gestionó con frialdad y un silencio inquebrantable los registros en la finca de Rodalquilar y en el piso de La Puebla de Vícar. Pero fue al salir precisamente de la inspección de la vivienda que compartía con Ángel, cuando presenció como un grupo de personas la esperaban, le gritaron asesina y una joven casi le agrede. La secuencia la rompió. Una larga conversación ayer por la mañana con su abogada Beatriz Gámez le acabó de ayudar a tomar la decisión de colaborar y responder a todas las preguntas de los investigadores de la Guardia Civil.
La confesión de Ana Julia se alargó una hora y media y coincidió con la emotiva despedida que miles de personas brindaron a Gabriel en la catedral de Almería.
La mujer explicó que aquella tarde del 27 de febrero salió de la casa de la abuela Puri Carmen en Las Hortichuelas detrás de Gabriel y que el niño quiso acompañarla hasta la finca de Rodalquilar. Ana Julia llevaba varias semanas adecentando la casa, propiedad de la familia de Ángel. La pareja había decidido mudarse allí y lo último que habían hecho era darle una mano de pintura a la vivienda.
Llegaron en coche. Y en la casa, el niño se enfadó. Discutieron. Y siempre según la mujer, Gabriel se puso violento, empuñó un hacha y trató de agredirla. “Me defendí”, declaró. Contó que le arrebató el hacha y le golpeó en la cabeza con la “parte roma”. Fue un mal golpe, sin querer, llegó a explicar. El niño quedó malherido, y la mujer decidió entonces taparle con sus propias manos la boca y la nariz hasta que dejó de respirar. Gabriel murió por asfixia, por sofocación. Esa parte de la declaración coincide con el último informe de la autopsia que se conoció ayer. El pequeño presentaba señales de haber sido agarrado por las muñecas, pero ninguna de defensa.
Ana Julia relató con todo el detalle que los investigadores le solicitaron que la muerte no fue planificada y que allí mismo improvisó la manera de deshacerse del cadáver. Cavó una fosa junto al aljibe de la finca. Desnudó a Gabriel y lo enterró. La ropa la arrojó después en un contenedor de la urbanización Retamar, a unos 30 kilómetros. Y regresó a casa de la abuela.
Las dos semanas siguientes asumió e interpretó el papel de madrastra afligida, liderando la búsqueda del niño y convirtiéndose en uno de los principales apoyos de Ángel y Patricia.
Es prácticamente imposible entender lo que podía pasar por la cabeza de esa mujer, pero durante los trece días que Gabriel estuvo desaparecido, Ana Julia regresó a la finca de Rodalquilar a diario. Y nunca lo hizo sola. Fue con Ángel, fue con familiares y con amigos con la excusa de encontrar en ese rincón esa paz tan ansiada en unas jornadas tan difíciles. En realidad, la mujer necesitaba tutelar que el cuerpo seguía en su sitio.
Si ya era difícil gestionar emocionalmente que fue la pareja del padre la que mató al niño, y que además Ángel fingió varios días a su lado pese a saber que esa mujer retenía a su hijo, es horrible saber que le hizo estar junto a la fosa en la que tenía sepultado al pequeño.
La Guardia Civil, los investigadores de la unidad central operativa que lideraron la búsqueda de Gabriel, nunca registraron esa finca porque hasta el último momento le buscaron vivo. Los guardias sabían que la familia acudía a diario a esa finca y que por tanto el niño, vivo, no podía estar allí.
Ana Julia fue sospechosa desde el primer momento, reconoció anoche una fuente al corriente de la investigación. Lo fue junto al acosador de la madre de Gabriel y lo fue en solitario cuando las coartadas descartaron al hombre obsesionado con Patricia. Los guardias civiles trabajaron con la hipótesis de que la mujer, junto a un cómplice, tenía al niño retenido y tarde o temprano solicitarían un rescate que nunca llegó. Si estaba vivo, como creían, sólo Ana Julia les podía llevar hasta Gabriel, y en eso se centraron las dos semanas mientras dejaban que centenares de voluntarios realizaran búsquedas que servían para que la sospechosa estuviera confiada.
El misterioso hallazgo de la camiseta de Gabriel justo en el camino en el que la anterior pareja de Ana Julia paseaba a sus perros no despistó a los investigadores. Al contrario. Les puso más sobre ella. El viernes pasado, la UCO decidió forzar la situación. Tomaron nuevamente declaración a la mujer y le hicieron ver las múltiples contradicciones en las que incurría. El sábado, además, le solicitaron que acompañara a los guardia a algunos registros y le pidieron las llaves de la finca de Rodalquilar. En ese momento decidió cambiar de sitio el cadáver. Los agentes llevaban días siguiéndola y la fotografiaron guardando un bulto en el maletero de su coche. No la detuvieron porque seguían pensando que podría haber un cómplice que ya se ha descartado.
Ayer, tras la confesión, la mujer acompañó a los investigadores nuevamente a Rodalquilar. Ya habían recuperado la ropa de Gabriel de los contenedores y realizaron una reconstrucción con los datos de la acusada. Encontraron el hacha.
Cuando el capitán de la UCO, el mismo que logró la confesión del autor de la muerte de Diana Quer, le preguntó qué pensaba hacer con el cadáver, ella dijo que no lo sabía. Esta mañana pasará a disposición judicial. Pidió varias veces perdón.
El caso de la niña, prescrito
La reapertura del caso por la muerte en 1996 de una hija de cuatro años de Ana Julia Quezada al caer por la ventana desde un séptimo piso en Burgos, que se cerró como un accidente, sería muy difícil, en aplicación del Código Penal. El artículo 131 del código, en vigor desde el 2015, establece que en los casos de delitos más graves, con una pena de 15 años o más de posible condena, la prescripción se fija en 20 años. La muerte de la hija de Ana Julia se produjo hace 22 años.
El juzgado de instrucción número 4 de Burgos ordenó ayer el traslado a la Policía Nacional de una copia de las actuaciones practicadas en el caso de la muerte de la niña, que se saldó con el archivo de diligencias por “no ser constitutivo de delito”. El cuerpo policial ha pedido esa documentación.

 
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